El Extranjero

El porqué del tiempo, queda indefinido cuando somos atemporales y sin dimensión.

Momo

- ¿A dónde vas? - Le preguntó a Casiopea. - Al futuro, a encontrarte...

Los Distorsionadores

Requería, quizás, una pluma feroz y viva. Jugar con lealtades absolutas, insultos prestos, ingenio y viveza en el resultado de su ataque a otros...

El amor y el pacto

El monstruo dormía latente mientras no mirara la luna. Hubo un pacto silencioso de los números. No le dijiste a qué se debía. Era un susurro...

Cómo jugamos en este blog

Las reglas de este juego no pueden ser más simples: queremos seres pensantes, propios, de inteligencia viva que sepan aportarnos su personal punto de vista.

Sé inteligente: Cuestiona tus certezas

¿"Yanny" o "Laurel"?, ¿vestido blanco y dorado o azul y negro?

En estos tiempos de tanta violencia e intolerancia ante preferencias electorales, valdría la pena analizar estos fenómenos.
Hace unos años que nos preguntábamos el color de los vestidos, los que veíamos blanco y dorado, no podíamos comprender como otros los veían azul y negro.
De igual forma, ayer se hizo viral el sonido de una palabra, preguntándose si dice "Yanny" o "laurel" en inglés. Como el fenómeno visual hace unos años con la prenda de vestir, los que escuchamos "yanny" no podemos comprender como otros escuchan "laurel" y viceversa. Y como hace unos años, hay personas que en un principio escucharon "laurel" y luego no dejaban de escuchar "yanny". Esta variación de realidades dependen de varios factores, desde en qué reproductor de sonido estás escuchándolo, hasta las características de tu propio oído y capacidad de distinguir los registros de sonido.



https://twitter.com/CloeCouture/status/996218489831473152

El asunto depende del receptor de la imagen visual o auditiva. Resulta que si tu cuerpo registra cierto nivel de decibeles, escucharás Yanni, de otra forma, escucharás Laurel. Igual que con el color del vestido, si tus ojos registran más o son más sensibles a ciertos tonos y sombras, tu percepción será de negro y azul o de blanco y dorado. Y podrás morir peleando la bandera de que el vestido es de tal o cual color, sin comprender como otros no lo ven así.

Estas son lecciones de cómo "las verdades absolutas" para nosotros, sólo son percepciones nuestras de cómo nuestros sentidos -y raciocinio- (lo que incluye experiencias, acervo cultural, prejuicios, conocimiento previo, expectativas y en algunas ocasiones, sentimientos de resentimiento, cariño, apego, lealtad, conveniencia, miedo, justicia o venganza), asimilamos la realidad.

Así, tu verdad absoluta NO lo es. Tu certeza de que algo es blanco o negro, es sólo tuya. Tenemos que aprender a ser tolerantes a ideas ajenas a las nuestras porque nuestra experiencia de vida es única, NADIE HA VIVIDO EXACTAMENTE LO QUE TÚ HAS VIVIDO, APRENDIDO LO QUE TÚ O TIENE LAS MISMAS CARACTERÍSTICAS BIOLÓGICAS QUE TÚ PARA PERCIBIR LA REALIDAD, y es lo que hace que percibamos el mundo de una o de otra manera y eso NO hace al otro enemigo.

Vale la pena pensar en eso, sobre todo ahora que se puso de moda atacar a desconocidos en las redes porque no tiene la misma afinidad política que tú.
Insisto: lo único inteligente aquí es cuestionar tus certezas.



Puños en Alto



 (20 de Septiembre. Anochecer del segundo día del terremoto)

Llegó la noche. Muchos como yo, estamos agotados, y lo único que hemos hecho es pasar la voz todo el día. No quiero ni pensar el agotamiento de nuestros héroes en las trincheras entre los escombros.
Gracias, mis héroes silenciosos. Los del puño de oro. Los que levantan el brazo en señal de: hay un tesoro; un alma viva que arrancar de las penumbras de la tierra.
Y todos sin aliento procuramos no respirar haciendo demasiado ruido, para poder escuchar, la esperanza de una niña que sobrevive en los escombros, o una madre, o un padre, un niño, un bebé, un abuelo o un cachorrito que lucha por su vida.
Puño de oro y silencio, Y todos, veneramos obedientes, en honor a la gran recompensa que se encuentra en las profundidades del escombro.
Gracias mis topos, mis rescatistas, mis voluntarios. Hacen tan grande a nuestro país, que nos salvan a todos de la oscuridad.





#SiMeMatan es porque me gusta ir de fiesta y beber cervezas.

Soy igual a las otras, tengo tantos sueños, tantas cosas por vivir. Me gusta mi país, me gusta ver la fuerza que tenemos para sobrevivir a pesar de todo lo que se nos viene encima. Los huracanes, los terremotos, la inseguridad, la crisis, la corrupción, la impunidad. A pesar de todo, siempre encontramos fuerzas, humor, ganas de seguir adelante. Apenas una chica desapareció, me uno al grito de su familia, de sus amigos, de sus padres y sus hermanos, porque me desgarra. Sólo tengo 19 y estudio ciencias políticas y estoy consciente de que tenemos que hacer algo, que ya no podemos quedarnos calladas. Algún día nuestro país cambiará. Dejaremos de mirar los feminicidios como algo inevitable en nuestra sociedad. Dejaremos de echarle la culpa a que “ella se lo buscó”, “mira la ropa que llevaba”, “cómo tan tarde y solita”, “cómo de fiesta”, “cómo bebió y le coqueteó a un chico que no conocía”.
Algún día, la voz en silencio de una niña violada retumbará en los cañones, igual que en una guerra, como nuestro himno; y nos desgarraremos en serio exigiendo justicia y condenando la monstruosidad humana. Al imbécil, al cobarde, al malvado que impunemente sega una vida para alimentar sus propios instintos.
Algún día, nuestro alarido en el día patrio no será un grito ahogado de impotencia. Me uno al “hashtag” de #SiMeMatan, y pongo en mis redes sociales: “#SiMeMatan es porque me gusta ir a fiestas y beber cervezas”. Porque pareciera que es así, que la vida no vale más de lo que la gente te juzga. Que no mereces ser joven, bailar, reír, tomar, conocer gente. No perdonan que a una chica le guste divertirse, porque pareciera que la sociedad está de acuerdo en que eso provoque la pena de muerte.
En mi país todos los días desaparecen mujeres. Son como tú y como yo. Mujeres con sueños, vidas y esperanzas, algunas, tan jóvenes que aún son niñas, otras ya octagenarias. Mujeres que son madres, hijas, hermanas, amigas, primas de alguien. Mujeres que son amadas, y que hacen falta. Mujeres cuya ausencia desgarra a familias enteras, a ciudades, a todo el país.  La edad no se perdona. Hay una violencia no dicha, acechándonos a todas, en esta sociedad.
Pareciera que no sólo justificamos sino que condonamos la violencia física, sexual, emocional. Parece que no importa el derecho a la vida de una persona, si a un tipejo le pareces “apetecible”, “buscona” o “puta”. Si no vives tu vida con los estándares de moralidad y ética que la sociedad requiere, mereces morir. Y allí no se detiene, se sataniza a la víctima. Ella era una puta, una buscona, ¿qué hacía tan tarde? ¡Estaba borracha! ¡Ella se lo buscó! Sí… ella se lo buscó, porque era bonita, porque se puso un vestido sexy que se le veía muy bien, se lo buscó porque le gustó ese chico y le sonrió coqueta, se lo buscó porque tuvo que tomar un taxi en la noche, o porque confió en que su amigo no le alteraría la bebida, se lo buscó porque tomó una copa, porque bailó toda la noche, porque festejaba su cumpleaños, o un ascenso, o la despedida de una amiga, se lo buscó por andar tentando a los hombres. Ella se lo buscó por tronar con el novio. Ella se lo buscó por volver con él. Ella se lo busco por caminar sola en la calle. Ella se lo buscó por sonreírle a un extraño. Se merecía que la golpearan salvajemente, que la ultrajaran entre varios, le escupieran, la humillaran, la torturaran, la mataran y la tiraran como basura en un lugar deshabitado. Sin conciencia, sin dolor, sin pena, orgullosos de su obra: impunemente. Sin justicia. Sin justicia para el monstruo, sin justicia para ella, sin justicia para nuestra sociedad.
Mi nombre es Mara Castilla. Tengo 19 años y estudio ciencias políticas en la UPAEP, en Puebla, y repruebo con énfasis la terrible violencia que sufre la mujer en mi país.
Porque mañana puedes ser tú, o puedo ser yo, rompamos esta indiferencia.  

Me uno al grito en silencio de estas chicas desaparecidas.

LOS LIBERATI- el principio

Hace varios años tuve la fortuna de coincidir con Yamile Vaena en la FIL Guadalajara durante una de las presentaciones. Recuerdo bien el momento pero nunca se llegaron a cruzar nuestros caminos y fue lo mejor que nos pudo haber pasado. No lo sabíamos entonces, pero nos tocaría crear algo profundo y duradero llamado amistad. La FIL 2014 fue nuestro marco y recurrencia constante y desde entonces nos mantuvo jugando al gato y al ratón hasta que un día finalmente tengamos la fortuna de darnos ese largo abrazo que tanto hemos postergado.
LOS LIBERATI es la ocasión de una nueva coincidencia. Y me agrada, porque dentro del marco de confianza tengo la oportunidad de sumergirme en la mente creativa de una autora que ya cuenta con éxitos reconocidos a nivel de best seller en amazon.com como su novela más vendida, DESDE SUS TRAZOS ROJOS.
 Sin más preámbulos, comenzamos.
 Si usted es el tipo de lector que se pregunta qué pasará con nuestro planeta a medida que lo vemos morir lentamente, LOS LIBERATI le resultará interesante y atractiva.
La búsqueda de respuestas en el centro de la confusión de un acontecimiento único en la vida de la humanidad, lleva a Mateo a la necesidad instintiva de supervivencia. Siempre apoyado por un misterioso libro que pareciera un manual codificado con las claves para sobrevivir exactamente por lo que el mundo atraviesa en estos momentos.

¿Y si un día no acabamos con el planeta, y es el planeta mismo quien decide librarse de nosotros?


Una novela de ciencia ficción con teorías interesantes de lo que podría sucedernos en este siglo (o futuros) que te deja pensando que tal vez existe un libro llamado “La Gran Bola Roja” que tiene las claves para sobrevivir un salto evolutivo de acontecimientos inimaginables, algo que definitivamente todos querríamos tener en nuestras manos para asegurar nuestra supervivencia evolutiva.

La historia se centra en cuatro personajes principales que se van entremezclando entre sí a medida que avanza la novela. En algún punto, en medio de todos los cambios que aparecieron de pronto en nuestro planeta, se encuentra una gran bola roja de un material desconocido que pareciera ser la respuesta de todo lo que sucede. No solo te plantea más preguntas sino hay que llegar a ella si queremos descubrir qué está pasando y cómo encajamos nosotros en este nuevo orden mundial.

¿Mateo se estará volviendo loco? O Clara sí existe en el plano físico y para probar que en medio de su locura el amor que siente es real, es preciso encontrarla.

¿Cómo encaja James en toda esta historia? Su novela es aterradoramente exacta como para pensar que solo se trata de ciencia ficción y su autor escribió al azar algo que jamás imaginamos que sucedería.

¿Quién o quiénes están detrás del Doctor Amanto que parece ir un paso más adelante que todos y acaso no merece la humanidad una segunda oportunidad de comenzar de nuevo?

Tenemos ante nosotros una novela que lo lleva a replantearse teorías que parecieran descabelladas pero probables. Compartimos el lugar con un planeta vivo, que como cualquiera de nosotros también se puede llegar a cansar de nosotros y nuestra falta de responsabilidad hacia su entorno y echarnos fuera de él de forma instintiva para sobrevivir.

Con entusiasmo pude notar que es una de las novelas que llegó a primer lugar en amazon.com en muy corto tiempo.
Una vez que la leí, entendí el por qué. Su autora enfrentó un nuevo reto, superar su novela más vendida y a la vez, atrapar nuevamente al lector con una historia diferente, dinámica y muy creativa. Una dolorosa evolución como ella misma menciona en entrevista pero necesaria para seguir creciendo en este mundo literario sin perder el rumbo ni el piso.

¿Veremos más secuelas de LOS LIBERATI?


 Lo que sí sabemos es que tiene infinitas posibilidades de explorar el tema con nuevos protagonistas e historias paralelas que pueden convertirse tarde o temprano en secuelas de una saga muy interesante.


Fue un placer reseñar una vez más y descubrir que por historias como estas, amo mi trabajo. Ojalá se den la oportunidad de conocer la novela a fondo y al igual que yo, cerrar el último capítulo con una sonrisa y algunas respuestas en la boca.


Silvia Carbonell L.